Me levanté de la cama con un ágil salto, eran las 3:30 de la madrugada, no había pegado ojo en lo que iba de ella. Gruñí.
Tome una blusa negra que dejaba al descubierto mi hombro derecho, que tenía una marca en forma de hoz; esa es la marca de nacimiento de una cazadora- caza recompensas de la familia Dumorth, una vez cuando era niña traté de borrarla tallándola fuertemente con el estropajo de la ducha, tan fuerte que termine con el hombro ensangrentado, mi mamá me metió una buena regañiza , pero a mí no me importaba porque tenía la idea de que había borrado la estúpida marca; Cuando mi mamá me limpió la sangre del hombro, hice el berrinche más grande de mi vida al ver que la marca seguía ahí: intacta y con su peculiar brillo.
Fruncí los labios.
Desde entonces no eh vuelto a llorar, y hasta la actualidad mi récord sigue intacto.
Me puse mis pantalones negros ceñidos a las piernas y mis cinturones donde metía mis armas (que yo misma diseñé y que por cierto a mi padre casi le da un ataque cuando vio que les hice) pero no quedaron mal, de hecho tenían mucho estiloJ.
Me ceñí mis botas de caza y me até el cabello en una cola alta, miré fijamente mi cabello que era de un color negro tan profundo que según mi mamá “era claramente el reflejo de mi alma” (lo sé unas palabras duras o poco alentadoras viniendo de los labios de mi madre), siempre me enojaba ese comentario, pero ya lo había superado. Mis ojos son de un verde brillante que resplandecían aún bajo la noche más oscura.
Me acerqué a mi ventana, me subí al marco y salté desde el tercer piso, aterrizando de pie y sin hacer el menor ruido. Tapé mis orejas de gato con las manos, no me agradaba esta parte de mi ADN, aunque fuera demasiado útil en situaciones como esta.
Comencé a caminar hacia los barrios bajos de Enigma.
Mi abuela era un “relámpago”, una de las que descendían de un fino e ininterrumpido linaje, con los ojos del mismo verde que el mío. Mi abuela se casó con un “bonz” ahí fue dónde mis bisabuelos la echaron de la casa por haber roto el linaje de los relámpagos. Mi padre es un “bonz” cosa que heredo de mi abuelo, de él herede el cabello de un profundo color negro y la maldita habilidad de torturar a la gente con la mirada.
Mi madre es una “sombra”, ella estaba destinada a casarse con un prestigioso vampiro pura sangre, pero se enamoro de mi padre y estuvieron a punto de huir de aquí, pero mi padre “Dumorth” no podía dejar la compañía porque eso era y es llamado traición, los padres de mi madre con tal de que ella no se marchara la dejaron casarse con mi padre. De mi madre heredé la perfecta piel pálida y tersa, los finos rasgos de mi cara y lo angosto y definido de mi cuerpo. Por fuera soy una humana normal, hasta que me pongo alerta y mis orejas negras y la cola brotan, cuando tengo mucha hambre mis colmillos que heredé de mamá se hacen presentes y cuando estoy muy enojada una flama negra aparece en uno de mis ojos y cuando eso ocurre no puedo evitar ser más fuerte y por lo tanto más cruel. Ésta parte malvada que he heredado de mi padre es la que definitivamente odio más, pues es la que me es más difícil de controlar una vez que ha comenzado.
En estos momentos mis orejas, se estremecían con el frio y mi cola se movía graciosamente haciendo onditas en el aire. El invierno estaba cerca y ya el aire calaba, me estremecí y froté mis brazos con las manos tratando de entrar en calor, tenía que llegar rápido a los barrios bajos, a mis padres no les gustaba verme llegar al amanecer, decían que si los vecinos me llegaban a ver podría darles una mala imagen , podrían pensar que era algún tipo de delincuente ( y de cierto modo lo era), bla bla bla, para ahorrarme sus sermones, procuraba llegar antes de que el sol se empezara a asomar. Suspiré, mis ojos brillaron y mis orejas se tensaron, entonces comencé a correr tan rápido como los auténticos “relámpagos”. Llegué rápidamente a los barrios bajos, donde según los rumores se encontraba un “oscuro” que llevaba trabajando mucho en la C.W.S pero que hace poco había sido despedido y que ahora planeaba conspirar contra la compañía. Escalé hasta lo más alto de un edificio y observe toda la colonia, vislumbré a un hombre de cabello negro y pálida piel pero con unos refulgentes ojos rojos, típicos de los oscuros, salté del edificio y corrí hacia su ubicación, me acuclillé detrás de un contenedor de basura, ya con un plan en mente, solo esperando a que se diera la vuelta para verme.
El vampiro se veía sediento, probablemente estaba de caza, lo que el no sabía es que alguien lo estaba cazando a él. Salí de detrás de los contenedores y alargué el cuello, para darle a entender que quería que bebiera mi sangre. El vampiro se creyó mi gesto y se abalanzó sobre mí, mostrándome los colmillos, puse disimuladamente la mano sobre a estaca de madera que llevaba en el cinturón; El vampiro acercó su boca a mi cuello, pero se detuvo, pude oler su miedo, algo lo había espantado, el vampiro emprendió la retirada. Me incorporé y le corte el paso.
-E-eres u u-una DUMORTH!- escupió mi nombre como si fuera una grosería, me encogí de hombros
-¿y?
-¡ALEJATE DE MÍ!¡ALEJATE!-el atemorizado vampiro empezó a retroceder de nuevo
-Eso es grosero… después de que te ofrecí mi sangre-le dije con fingida tristeza
-NO JUEGUES CONMIGO!- el vampiro comenzó a enojarse, pude sentir su ira y miedo, estaba bien, esa era la reacción de casi todo el mundo
-Uuy que aburrido, pero supongo que así lo prefieres…-tomé la daga y embestí contra el, clavándosela en el corazón –Mi nombre es Samantha Dumorth, de la compañía de las sombras susurrantes , debido a que nos has traicionado es mi deber eliminarte, descansa en el reino de los caídos, cierra los ojos y disfruta de este eterno sueño- a continuación su cuerpo explotó en una lluvia de cenizas. En el suelo quedó un collar de plata y unos cuantos anillos, los tomé del piso y me los guardé en los bolsillos. No, no soy una ladrona, se los doy a la compañía y ellos determinan si son valiosos, si no lo son, los desechan o me los regalan, a mi no me agrada que me regalen las cosas, siento que soy su bote de basura viviente.
Sentí una extraña presión, como si estuvieran observándome, me voltee rápidamente y salté hacia su precedencia, pero no había nadie y la presión ya había desaparecido. Gruñí entre dientes, si alguien se llegaba a enterar de que mataba gente durante la madrugada lo más seguro es que lo malinterpretaran y me tomarían como una adolescente maniaca que gozaba de asesinar a distintas especies de personas.
Sacudí la cabeza, di media vuelta y emprendí mi regreso a casa.
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